lunes, 11 de febrero de 2008

Ayer

Ayer fue miércoles, y a falta de los domingos, me encontré en la iglesia del pilar, como toda realidad, evoca distintas reflexiones a cada subjetividad, a mi se me vinieron a la cabeza las reformas rivadavianas teñidas del mas crudo regalismo y utilitarismo, la expropiación de los bienes, y los monjes recoletos, es que son las construcciones las que nos trasladan en el tiempo y nos hacen victimas de anacronismo, hoy en la huerta de los regulares duermen cuerpos a los que le expropiaron las almas.
Me encontraba rodeada de cristianismo, de catolicismo que une a hombres con pretensiones de humanidad hace aproximadamente 2000 años. Estaba sentada, el silencio externo era realmente antagónico a lo alborotado de mi pensamiento, ahí en lo mas intimo de mi ser, me estabas dando vuelta frenéticamente, una ausencia que es mas presente que cualquier compañía, usted sabe lo llevo a todas partes.
Amor, que estabas haciendo a las 19.30, la tristeza te acompaña a toda hora parece, yo no quiero estar con ustedes, siento que sobro, que estoy de mas, estorbando entre vos y tu tristeza, ella es mas tuya que yo sin lugar a dudas.
La recoleta se torno brillante, bañada en gotas que ya eran láminas que todo lo cubrían, las luces sin darse cuenta se multiplicaban en los espejos más naturales. Mis lágrimas solo se distinguen de las del cielo, en la soledad y el salitre.
El deber llama, el dolor también.
Te conté de mis puertas, son relativas, hay veces que están de mi lado derecho otras del izquierdo, Jorge lo dijo, son ellas las que eligen, no los hombres, así es que no se explicar porque designio es que a cada una de ellas la siento propia, y de ninguna tengo llave. Juan, no se si están cerradas, eso no importa, son y para mi únicas.

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